Preparativos

 

Escoge un  tiempo del día en el que nadie te moleste y puedas estar en silencio.

Una vela pequeña.

Papel y Lapiz.

Meditación

Estira todo tu cuerpo.

Siéntate en una silla cómoda, con la espalda recta sin recargarla en el respaldo. Si puedes sentarte en el suelo en flor de loto.

Enciende la vela.

Cierra tus ojos y respira profundamente, varias veces. Trata de tranquilizar y relajar todo tu cuerpo. No avances al siguiente paso hasta que todos tus músculos estén relajados.

Regresa tu respiración a ritmo normal.

Piensa en la persona que se fue y que extrañas mucho.

Date tiempo para recordar todos los buenos momentos, el aprendizaje, las risas y las lágrimas. Quédate en ese momento favorito, donde más disfrutaste su compañía.

Esa persona te mira a los ojos por un largo momento.

Algunas veces es mejor escribirle una carta de despedida dándole gracias.

Con una voz tranquila y en calma te dice: “Muchas gracias por recordarme, eso me hace muy feliz. Tuve una vida llena de aprendizaje. Ahora estoy bien. No tengo hambre, frío ni calor. Por favor mira la llama de esta vela. Es brillante y genera un calor muy agradable.  Va a brillar por un largo rato y luego se apagará. Esta fue mi vida. Así es la vida.”

Abre tus ojos y mira la vela.

Di en voz alta. “Muchas gracias por tocar mi vida, aprendí mucho de ti. Es hora de que descanses y que los dos seamos libres para seguir adelante. Adiós. Adiós. Adiós.”

Quédate en silencio observando la vela. Mira cómo se consume. Esa es nuestra vida. Esa es la naturaleza de las cosas. Todo se acaba, pero todo brilla y nos deja su calor.

El objetivo primordial es que entiendas que todo termina y que entre más te aferres al recuerdo de alguien que murió, nunca cerrarás el ciclo y te causarás mucho daño. No serás libre para moverte a nuevas experiencias en tu vida.

Suelta a esas personas que se fueron. Este es tiempo para que tú escribas tu propia historia. Hoy es el tiempo en que debes hacer brillar tu propia luz y dar calor a los que te rodean.

Si escribió una carta, vas  un lugar santo, la lees en voz alta, luego la quemas para que sus cenizas se las lleve el viento. E imagina que él se va a un largo viaje con su familia cósmica, donde no tendrá hambre, frio, sueño, entre otras necesidades físicas. Solo es felicidad y que lo volverás a ver porque nuestro espíritu es eterno.

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Antes de escribir, le recordamos tener respeto por las creencias de otros lectores y prudencia en el lenguaje.


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